Conocer al inversionista es nuestra prioridad. La confianza que nos tienen nuestros clientes nace de una asesoría sólida y objetiva, basada en el conocimiento profundo de estos.
Objetivos y necesidades
El primer paso que se debe hacer cuando se construye un portafolio es determinar el objetivo de inversión. ¿Por qué se está invirtiendo?
Los objetivos pueden clasificarse de tal forma que satisfacen una o varias de las siguientes necesidades básicas: Liquidez, Renta Periódica y Crecimiento.
Un elemento muy importante en esta etapa es la definición del horizonte o plazo de inversión que es el número de años en que se tiene disponibilidad para invertir. Éste incluye el tiempo en el que se alcanza la meta así como el período largo o corto es que se efectúan los retiros de la inversión. La tolerancia al riesgo
La tolerancia por el riesgo es la habilidad o voluntad de entender caídas o pérdidas en el valor de las inversiones mientras se espera que éstas sean rentables y ayuden a cumplir los objetivos de inversión planteados. Algunos inversionistas tienen facilidad para ignorar las fluctuaciones de corto plazo y concentrarse en sus metas de largo plazo. Otros se tornan ansiosos cuando esto ocurre aunque dicha fluctuación sea mínima. Este factor emocional juega un papel significativo en la decisión de dónde distribuir los recursos del portafolio.
Si se considera que la posibilidad de una pérdida va a alterar la tranquilidad del cliente, se debe de escoger una mezcla de activos o tipos de inversión conservadora. Sin embargo, al hacer eso se corre el riesgo de que solamente la inflación erosione una porción significativa de las ganancias obtenidas. Se debe tener en mente que todas las inversiones están sujetas a cierto tipo de riesgo.
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